sábado, 5 de julio de 2008

Pariendo el parto "Linea Capital"


La región

10 de marzo

Por Romina Kujarchuk

Pariendo el parto

Desde hace dos años existe en Argentina la ley de parto respetado. En Misiones no se aplica. Mujeres piden poder de decisión. Las cesáreas e intervenciones ganan terreno

Posadas ( La Capital del Nordeste). Sandra quiere elegir la manera de parir a su hija. No está enferma, pero en los últimos meses se convirtió en una paciente de laboratorio que debe seguir normas rigurosas para acceder a la atención de un médico. Como otras mujeres embarazadas que deben someterse al sistema sanitario de Misiones, público o privado, para contar con atención médica. Sin embargo, existe en Argentina una Ley, la 25929, en vigencia desde 2004, que vuelve a la mujer una participante activa de su parto. El médico, el centro de salud y la obra social pasan a ser acompañantes del proceso con la obligación de informar y asistir en caso de necesidad de la parturienta y su bebé.

Esta ley todavía no se aplica en la provincia, ni en centros públicos ni privados. Sin embargo, son los hospitales los que ya están al tanto y a pesar de todas las dificultades financieras, están queriendo iniciar el cambio. El jefe de la unidad de Perinatología del Hospital Madariaga, Jorge Pianessi expresó a La Capital del Nordeste: “conocemos la ley, pero los cambios se hacen paulatinamente. La asistencia a los pacientes se puede hacer ya, pero hay transformaciones estructurales, como las edilicias que llevan tiempo. Las mismas estructuras llevan a realizar el trabajo de forma rutinaria". Sin embargo, el médico admitió que ciertas prácticas, aunque en desuso, se llevan a cabo. Como la episiotomía rutinaria en madres primerizas. Las estadísticas dicen que en el 2007 se hicieron un promedio de 400 partos mensuales, de los cuales un 25 por ciento fueron por cesárea. "Este número se da porque aumentaron las indicaciones obstétricas, es decir aumentaron los motivos: bebés que según las previsiones van a pesar más de cuatro kilos, que se presentan de cola, mala posición de la placenta, rotura precoz de membrana", explicó Pianessi. Es lo que le ocurrió a María, que tuvo una cesárea porque el bebé podría tener más de cuatro kilos, al final tenía menos y la leche no le bajaba y se sentía sola en los pasillos del nosocomio. "El bebé llora mucho, mi leche no le llena, no baja", contó. No había nadie para asistirla y decirle que para estimular la bajada de la leche, debe dejar a ese bebé al pecho, todo el día si es necesario.
En la Casa

Para Patricia, un mujer que tuvo dos de sus tres hijos en la casa: "ninguna intervención es necesaria si la mujer está preparada. Yo tuve a mis hijos, sin goteo, sin rotura de bolsa, sin episiotomía, sin desgarros, sin corte prematuro de cordón. Enseguida los tuve en mi pecho, sin aspiraciones, ni baños, ni sondas". Pero para Patricia esta es una actitud de vida "con conciencia y responsabilidad", dice. Ella optó por no concurrir a un nosocomio, pero antes, mucho antes, leyó, se instruyó, se ejercitó, y consiguió un médico que la acompañó. Es una cuestión de "elección y hacerse cargo". Al tiempo que destacó: "No puede ser que todo sea previsión sobre previsión, no puede ser un intervensionismo sin conciencia, sin esperar el momento. La mujer tiene que ser la protagonista de su parto, ella tiene que decir como se siente como lo está viviendo, como siente que su hijo va a bajando. Sin embargo no te dejan, te atan, te dicen 'ponete allá'. Los médicos tienen muchos miedos”, opinó y destacó que las intervenciones son necesarias en los casos complicados, pero no de rutina.
En el público, en el privado

Sandra comenzó a investigar sobre el parto respetado a partir de la Ley nacional que por casualidad la leyó. De ahí en más comenzó un camino lleno de trabas, de muchos no como respuesta. "No, acá se hace lo que el médico cree conveniente", le respondieron cuando intentó saber si en Misiones alguien ponía en práctica la ley de parto humanizado.

Visitó tres médicos "y el privado fue el peor", contó Sandra. Quien a pesar de todo prefiere atender su parto en el hospital "Porque sé que es el lugar donde más me van a respetar, porque no es un lugar lucrativo". Igualmente, no tuvo la opción de decidir sobre su parto.

Ella escribió una carta con plan de parto, en la que requería no ser intervenida, sino que la esperen hasta el momento del nacimiento, y le den espacio a su compañero para vivir juntos ese momento. Desde el hospital le respondieron que las condiciones del mismo son limitadas. "No estamos ajenos a los contenidos de la ley, entendiendo que se han dictado guías y pautas de procesos para generar los cambios paulatinos necesarios, algunos de los cuales se hacen desde el estado" y la respuesta ennumera algunos de esos cambios en proceso, también hace referencia a que la institución trabaja con normas de atención dictadas por las sociedades científicas. Al final, le dicen a Sandra, que las pautas de trabajo ya están dadas y la invitan a recorrer el lugar. La firman los jefes de obstetricia, Carlos Bustios Lojewski, de neonatología y el jefe de la unidad de perinatologia Jorge Pianessi.

Parece muy crudo para el momento emocional que viven Sandra y su pareja. Pero es una respuesta, la que no hay en un ámbito privado, donde se limitan a hacer firmar a la parturienta, un documento en el que dice estar de acuerdo con todas las intervenciones que le harán, sin saber cuáles son.

Como le pasó a Tatiana en un sanatorio de Posadas: “El parto no fue como lo queríamos. Deseaba un parto natural vaginal, sin episiotomia, ni anestesias, ni nada que entorpeciera el proceso natural”. Su trabajo de parto duró nueve horas y quince minutos el expulsivo. Su embarazo fue normal y sano.

En el sistema privado “encontré asistencia, pero no contención. Siempre relación de médico - paciente distante y con la información justa. Nunca tuve información contrastada, ni profunda. Hubo médicos muy amables que me trataron bien. Sobre mis rechos supe en el sitio www.dandoaluz.net”.

La desinformación que padecen la embarazadas, también la suelen tener los profesionales que ante argumentos de seguridad y control del embarazo, pierden de vista el bienestar de la mujer y su familia.

La Ley prevé que la mujer pueda elegir, previa información, como llevar adelante su parto, con intevenciones mínimas.

La capacitación será entonces para médicos y pacientes. A esta altura, la mayoría de las mujeres opta por una cesárea (80 por ciento de las cesáreas en el ámbito privado se hacen a pedido de la embarazada) porque creen que es mejor. Mientras que el resto acepta como normal las intervenciones rutinarias del parto vaginal. Pero desde hace 20 años los estudios (Según OMS) demuestran, sin ninguna concesión posible, que una política de episiotomías profilácticas no aporta en ningún caso ningún beneficio para la salud de las mujeres y de los bebés, sino al contrario.

Al pedido de estas mujeres de un trato respetuoso, se impone un redescubrimiento de los saberes naturales del cuerpo femenino en acuerdo con los saberes médicos.
En Cuclillas y sin cortes

En el servicio perinatal del Hospital Avellaneda de Tucumán, las parturientas parecen doblemente satisfechas. No sólo viven la felicidad de ser madres, sino que además reciben una atención diferente. La institución se adhirió al programa Parto Respetuoso, que supone un trato más humanitario y satisfactorio para las mujeres y sus hijos. No se realizan la depilación ni las enemas previas; tampoco la perfusión endovenosa (goteo), ni el ayuno, ni la rotura precoz de membranas. Tampoco se aplica la inyección de oxitocina para la inducción del parto. "Ya está demostrado que no tienen una utilidad, pero se siguen aplicando por costumbre. No dejan de ser una invasión sobre la mujer", definió la doctora María Mohedano, jefa de Perinatología del hospital. Por su parte, el jefe de Obstetricia -Miguel Melano-, explicó que con una atención más humanitaria y satisfactoria para las mujeres se mejora la reputación de los servicios y se motiva a otras madres a que los utilicen. La posición "de moda" en el Avellaneda es el parto en cuclillas. No porque lo haya dictado algún estilista, sino porque la medicina comprobó que la manera más antigua de parir es la más sana y práctica. El hospital cuenta con un nuevo sillón para ese fin. "Les pasamos un video y les explicamos por qué es beneficioso, a pesar de que muchos médicos aún se resisten”, explicó María Mohedano.
Intervencionismo I

El testimonio de Tatiana quien tuvo a su bebé hace un año y tres meses, cuanta de la falta de respeto que sintió en un centro privado de Posadas. “El parto a último momento fue normal, pero las primeras etapas de él fueron fisiológicas y naturales, realicé toda la dilatación en casa, acompañada de mi pareja. Ni bien llegué al sanatorio se sorprendieron que una primeriza llegase con una dilatación completa. Desde allí, solo fui una posible patología. Ya arriba de la camilla, y luego de recibir retos y órdenes, al tercer pujo vino la episiotomía, tuve anestesia local, pero mi alma se desgarró sabiendo que mis "partes íntimas" nunca volverían a ser las mismas. Con las piernas atadas, y agarrada de dos enfermeros, haciendo fuerza despareja. También me hicieron la maniobra de kristeller. Mi hijo nació a las 20:13, 10 minutos luego de entrar a ese quirófano, sola porque no dejaron entrar a mi pareja. Me sentí culpable de haber traído a nuestro hijo al mundo, y él que tanto me apoyó. A los siete minutos de haber nacido nuestro hijo, empecé a sentir ganas de pujar nuevamente, pensé que bueno no tendrán que sacarme la placenta manualmente, pero no. Tuve que esperar que terminen de coser, me la sacaron manualmente. Finalmente me dijeron que ellos no estaban acostumbrados a estos partos, sino a las cesáreas”.

Intervencionismo II

“A pesar de todo parí junto a mi marido. Nuestro hijo pudo nacer por su instinto natural y por el mío pude ayudarlo en ese acontecimiento. Fue un momento salvaje, en el que la emoción remitía a una humanidad perdida antaño. Fue de una conmoción tremenda”, contó Karen, quien tuvo a su primer hijo en un sanatorio de Posadas. “Todo esto no fue violento, fue traumático, nos quedó marcado. En nuestra experiencia, la violencia también estuvo presente. Los profesionales que me atendieron decenas de veces con inyectarme oxitocina, no querían esperar. Cada media hora alguien venía a intervenirme, con tactos, mediciones varias. También con el rasurado, insistieron con el enema. Gente que no conozco, que nunca vi en mi vida, disponía de mi cuerpo como un conejillo de indias. Sin consulta, rompieron la bolsa con una tijera. Se precipitó el parto. Sin aviso, la episiotomía. Nació nuestro bebé y el pediatra lo puso bajo una lámpara, un grito de espanto se escuchó. Auscultaban a mi niño, midiéndolo y métiéndole sondas, inyectando, poniendo gotas en sus ojos. Pero sólo cuando lo ponían bajo la lámpara se oía el grito. En la habitación, lo acosté a mi lado, apenas lo podía sostener en mis brazos llenos de agujas y cables. Era difícil amamantarlo en esas circunstancias. Ahora sé que esas personas quisieron ayudarnos, pero por ignorantes, violentaron un momento tremendamente hermoso”.
La Búsqueda de Sandra

"Antes, yo quería una cesárea, algo rápido y práctico. Pero un día vi un folleto del Consejo Nacional de la Mujer que hablaba sobre la Ley de Parto Humanizado. Ahí comenzó todo", recordó Sandra, quien quiere un parto natural, sin intervenciones. "Hablaba sobre el respeto a la mujer, al bebé y a la pareja, al momento del parto y después del mismo. Me pareció novedoso”, contó. "Una está acostumbrado a que el médico te dice todo lo que tenés que hacer y nos olvidamos que es un proceso fisiológico y la mujer es la que mejor lo entiende porque es la que lo está viviendo, por ahí falta escuchar un poco más el cuerpo. De a poco comenzamos a ver qué se podía hacer y la verdad que nos fuimos encontrando con trabas. Nos decían, "acá se hace lo que el médico cree, no importa lo que dice la ley", relató.

"Hice una consulta particular, pero fue la peor. En el hospital estoy súper conforme. Más allá de lo que se dice te atienden bien", contó Sandra quien es la misma que escucha muchas negativas a sus pedidos. A pesar de entender las limitaciones del hospital, no se resigna a que en un futuro cercano el sistema sanitario de Misiones incorpore esta ley y los médicos puedan flexibilizarse y aprender a escuchar a sus pacientes. "Hice un curso de preparto en el hospital, fui a algunas clases, pero la verdad fue decepcionante porque el punto de vista del curso era médico. La primera clase que fui y escuché: ‘hoy vamos a hablar de la cesárea y de la episiotomía, una u otra cosa les va a tocar’. Como condición que la mujer que va a parir tiene que pasar por eso. El cuerpo humano se prepara nueve meses para que todo salga bien. Si a último momento no sale, bueno ahí si se debe intervenir. No encontré otra opción en Posadas. Ni privado, ni publico. Tuve la sensación que el médico tiene miedo de no controlar toda la situación. Son diferentes pasos que ya los tienen calculados. La rutina es más sencilla y segura que esperar los tiempos del cuerpo femenino. Falta más que nada concientizar a la mujer que se puede elegir la manera de parir”. Para Sandra, es cansadora esta búsqueda, pero entiende que “es difícil para todos aceptar un pedido que no encaja en lo que están acostumbrados”.

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